Anciano pide ser enterrado con todo su dinero, su viuda cumple su voluntad de forma magistral

Una historia para caerse de espaldas es la te contaremos a continuación, que tiene como protagonista a una anciana que al fallecer su esposo de toda la vida, no pudo negarse a cumplir su deseo de ser sepultado con el dinero que juntó a lo largo de toda su vida




Desde la creación del papel moneda este siempre ha sido ostentor de una especie de magia y de un fuerte simbolismo que nunca ha perdido a lo largo del tiempo, es que en nuestras sociedades los billetes a veces tienen un mayor protagonismo del que muchos están dispuestos a admitir.

Es así como personas comunes y corrientes se pueden llegar a obsesionar con el dinero a tal punto de desear cosas insólitas, desde tirarse a una piscina llena de billetes o no salirse del asiento de una máquina tragamonedas de un casino en 48 horas.

La historia que conocerás a continuación tiene que ver con el deseo extremo de poseer el dinero incluso después de haber muerto, así lo quiso el difunto esposo de una anciana que cumplió inteligentemente su deseo.

Este matrimonio era como todos, la promesa de amor y respeto había sido para toda la vida y ambos estaban convencidos de aquello. Él era un hombre que trabajó prácticamente su vida entera y mientras lo hacía iba guardando celosamente una parte de su sueldo a modo de ahorro, logrando acumular una gran suma de dinero.

Todo ese dinero que iba juntando no era para destinarlo a la compra de algún bien, se trataba de un fin más extraño, la razón real era porque sentía un amor poco frecuente por el dinero, un amor que lo ataba incluso hasta después de su muerte por medio de una promesa que le pidió cumplir a su esposa.

La promesa consistía en que cuando él muriera sería enterrado con todo el dinero que había juntado a lo largo de su vida metido dentro de una caja, la cuál ella debía dejar al lado del ataúd, de esa manera llevaría el dinero a la otra vida, era lo que él decía.

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La anciana esposa le prometió de corazón que cumpliría su deseo y cuando falleció su esposo era hora de realizar lo prometido.




Cuando se acercaba el momento del término de ceremonia la viuda se levantó de su silla y les pidió a los sepultureros que le dieran un minuto. Acercándose buscó en su bolso una pequeña cajita de zapatos que depositó en el ataúd. Mientras se alejaba la anciana, terminan sellando y enterrando al difunto.

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Luego de un momento de silencio, una amiga de la familia que sabía de la última petición del difunto esposo, se acerca a la anciana y le dice:

– “Espero que no estés tan loca como para haber puesto en esa caja todo el dinero de ese viejo tacaño”.
– La viuda responde, “Claro que sí”. “Soy una buena cristiana y no puedo mentir”.
-“¿Quieres decir que pusiste todo en ese ataúd?“, le dijo la amiga perpleja.
-“Si, todo justo como lo prometí”, respondió y siguió, “…primero lo metí en mi cuenta bancaria y luego le extendí un cheque. Puede ir a cobrarlo cuando quiera”.

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